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Relatos Rebeldes disponible en ebay

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¡Ya podéis comprar Relatos Rebeldes a través de ebay!

Autoedité esta colección de relatos en abril de 2020, pero no he podido moverla por ferias ni salones a consecuencia del coronavirus, así que se me ha ocurrido colgar un anuncio en ebay. De esta manera, quienes no hayáis podido participar en el Crowdfunding de Verkami que organicé, podréis comprarlo vía ebay.

No os preocupéis, sigo trabajando en la precuela de El Arquero de las Nueve Estrellas de cara a volver a las ferias en cuanto sea posible.

Os dejo una de las ilustraciones de Relatos Rebeldes hecha por A. Gavilanes, quien también ha diseñado la cubierta, un crack.

Si queréis leer los primeros párrafos de los relatos podéis pinchar aquí.

Para encontrar la colección de relatos en ebay y poder comprarla pincha aquí.

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Participa en mi nuevo proyecto de Verkami

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Mi primer proyecto de Verkami

Este es un post para presentaros mi nuevo proyecto de Verkami e invitaros a participar. Se trata de un libro ilustrado de relatos, Relatos Rebeldes, que voy a autoeditar con un crowdfunding. Pincha aquí para participar en el proyecto y ser una de las primeras personas en tener esta colección de relatos.

Podéis echar un ojo a los primeros párrafos de cada relato.

Si aún no conocéis mi novela “El Arquero de las Nueve Estrellas” podéis echar un ojo pinchando en cada uno de los capítulos:

Capítulo 1

Capítulo 4

Capítulo 8

Espero que los disfrutéis.

Relatos Rebeldes

Víctor Guillamón

El Pueblo de la Reina Roja

No era una mañana cualquiera de un dieciséis de octubre cualquiera, sin embargo, el cielo gris y frío lloraba tenuemente, como de costumbre en esa época, dejando caer de vez en cuando alguna lágrima diminuta, no por tristeza sino porque algo se le habría metido en el ojo. Al menos eso debía de pensar el pueblo que celebraba una gran fiesta justo debajo, la mayor fiesta jamás celebrada en París en toda su historia. Había disfraces, máscaras y graciosos galanes que contaban chistes y se burlaban de los mandatarios del momento, de los ministros pero sobre todo de los monarcas. Nada volvería a ser como antes en Europa después de aquel día. El Sena fluía morado como el vino creando un espejismo de abundancia para el futuro. Todo el mundo cantaba y bailaba. Fingían que comían manjares y que estaban bebidos y realmente estaban embriagados de libertad, poder y, sobre todo, de furia.

María subía unos podridos escalones de madera que crujían amenazantes. Era la única que no se había contagiado de la alegría del pueblo, esa fiesta no iba con ella… o quizá . Caminaba con la cabeza baja inmersa en sus propios pensamientos, temblaba nerviosa, temía a toda aquella muchedumbre escandalosa. Pensaba en lo feliz que había sido en su infancia en Austria con sus hermanos y se preguntaba por qué ahora la habían abandonado. Había venido a Francia buscando la felicidad y el amor y nada de eso había encontrado. Al llegar al último peldaño de la escalera tropezó y pisó el pie de un encapuchado.

-Perdone señor, no lo hice a propósito –dijo. Esta frase pasaría a la historia.

El hombre la miró a los ojos durante un instante y desvió la vista enseguida sin decir nada. No quiso mostrar amabilidad, habría sido demasiado hipócrita.

María Antonieta se dio cuenta de pronto de que, inconscientemente, había pedido disculpas al verdugo que iba a matarla. Rápidamente giró la cabeza y levantó la barbilla intentando mantener vivo el último ápice de su orgullo.

[…]

Querida Maestra

Querida maestra:

Gracias por todas tus enseñanzas, por los libros, algunos de ellos prohibidos, con los que me enseñaste a leer. Es por ti que he luchado y escrito, y es también por ti que estoy en esta situación, pero no te culpo por ello, es mi destino y es así como debe ser. Sin personas como tú las revoluciones no son más que furia y tumulto, como está siendo esta. No me atrevo a escribir a mi hijo en estos momentos, no sé qué decirle ni qué contarle. Temo que me juzgue mal, que me culpe por mi implicación política, por haberle faltado. Mi compromiso con la sociedad quizá ha rivalizado con el cariño que una madre debe dar a su hijo. No sé si perdí la fe en el matrimonio después de que me casaran con su anciano padre o fue más tarde, después de su muerte, pero que tengo la certeza de que mi único amor ha sido siempre mi hijo, por eso te pido que le hagas llegar esta carta como testamento, aunque tampoco sé si tú la recibirás.

[…]

Llegaron desde el cielo

Llegaron desde el cielo, ¿desde dónde si no? Nos lo arrebataron todo, nuestra apreciada Tierra, nuestro lugar en el mundo, y ahora los pocos de nosotros que somos libres vivimos como salvajes en las montañas y los bosques. Aquellas siniestras criaturas, de alargadas figuras como estacas, se hicieron con todo lo que un día había sido nuestro. No sabemos cuánto tiempo pasó desde su llegada hasta que nos desterraron a las montañas y los bosques. Sólo sabemos lo que cuentan los ancianos, y ellos sólo saben lo que les contaron cuando eran niños.

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Viaje al país de la riqueza y la paz

Mi pueblo era el más antiguo del mundo… y también el más pobre. Nos hacíamos llamar los Marauis y vivíamos en un largo y ancho valle. La vida allí era sencilla, apacible y feliz. Vivíamos en chozas pero no faltaban el sol y la lluvia en su justa medida, por lo que la tierra en el valle era fértil. No nos faltaba de comer aunque éramos humildes. Los niños iban a la escuela que compartíamos y aprendían lo que necesitarían saber de adultos. Nunca habría pensado en salir de allí hasta la llegada de los Muburu.

Los Muburu son demonios hambrientos, horribles y violentos. Llegaban en carros humeantes matando a todo el mundo. Querían poseer la tierra o algo que había en ella y no atendían a razones. Nuestra estancia allí les molestaba para sus propósitos y querían que nos fuésemos. Así que algunos lo hicimos. Otros, como mi padre y mi hermana se quedaron allí, a defender lo poco que teníamos. Yo escapé como pude con algunos compañeros y compañeras y ahora desconozco su suerte, si están vivos o muertos, si son libres o esclavos.

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Erase una vez el Hombre (y la Mujer)

– Erase una vez el hombre – anunció la maestra.

– Y la mujer, supongo – se apresuró a interrumpir la empollona repelente de la clase. La maestra por lo visto se había olvidado de la mitad de la humanidad. Aunque lo que realmente movía la para interrumpir era el ansia por verse reflejada en la historia, en los hombres no se veía identificada. Le encantaba la historia, le gustaba tanto como la tarta de chocolate de su abuela, que a su vez le recordaba a los cuentos que ella le contaba para dormir, al tiempo que le rascaba la cabeza con sus arrugadas uñas para que los memorizara mejor y se relajara antes de coger el sueño.

– No, esta vez te equivocas. La prehistoria quizás fue de la mujer y del hombre pero la historia escrita es sobre todo del hombre, escrita por él. Al menos hasta el siglo XVIII no se oyen voces de mujer, o casi… algunas esposas y madres han sido tan importantes como…

– Empiece entonces por la prehistoria, por favor -volvió a interrumpir plantando un muro verbal en el camino de la maestra, que esta tuvo que rodear.

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Del origen al fin del mundo

-Al principio de la creación no existía el tiempo, la luz ni la oscuridad. Solo el Gran Espíritu y la Gran Madre Tierra, que se abrazaban juntos para amarse en la infinidad del no-tiempo. De ese amor quedó encinta la Gran Madre Tierra. Vivieron felices entonces pensando en que compartirían miles de hijos e hijas. Sin embargo, en el momento del parto la Gran Madre Tierra murió y su cuerpo estalló en infinitos pedazos, algunos brillantes y otros mates, que se desplazaban en círculos por los confines del universo, que hasta entonces no había existido. De la muerte de la Gran Madre Tierra nació entonces el Tiempo, la Luz y la Oscuridad y el Gran Espíritu quedó por aquella época solo y triste. De sus lágrimas brotó el agua que bañó algunas de las hijas de la Gran Madre Tierra, que eran rocas mates, algunas más fértiles que otras. Los hijos, sin embargo, eran bolsas ardientes y luminosas sin fertilidad alguna, al menos en su superficie. Las lágrimas del Gran Espíritu en las hijas de la Gran Madre Tierra formaron un caldo de cultivo perfecto que, a veces, era calentado por uno o varios de los hijos ardientes añadiendo fertilidad y dotándolos de vida. Se crearon así infinidad de Madres Tierra, cada una con sus criaturas vivas. Pues bien, una de esas hijas es nuestra Madre Tierra y uno de esos hijos es nuestro Sol. Ambos, el Sol y la Madre Tierra, junto con las lágrimas del Gran Espíritu son los responsables de que estemos aquí hoy.

[…]

Abeja Dulce y Lobo Solitario

En aquella noche estrellada, la luna brillaba por su ausencia y la oscuridad bañaba las praderas. La tribu Arapahoe había terminado el banquete y los adultos se habían retirado al Gran Tipi a fumar la pipa de la paz. Al chamán le encantaba contar historias acerca del origen del mundo, y a los niños les encantaba escucharlas. Era el hombre más anciano de la tribu. Cuando salió del tipi se encontró de frente a todos los niños que lo estaban esperando. Los reunió alrededor del fuego y les pidió que se sentaran. A un lado de la fogata brillaba el rostro del anciano y al otro los oyentes lo miraban formando una media luna de cuerpos rojizos y melenas oscuras.

-¿Qué historia queréis que os cuente hoy, niños?

-La de Abeja Dulce y Lobo Solitario –dijo una niña a la que le encantaban las historias de amor.

[…]

Agorafobia

Alguien contempla el paisaje desde una sierra agresiva de pastizales y riscos:

Una pirámide etérea, de dorados rayos de sol, se alza sobre el bosque apuñalando con su vértice un manto de nubes negras hechas jirones que, empujadas por el viento, van siendo cortadas a cuchillo. El húmedo follaje verde oscuro se clarea bañado en una densa y empalagosa luz nueva. Es un día perfecto para ir de caza.

Ávalor está preparado. No pierde detalle desde ahí arriba, con su arco en la mano izquierda, las flechas a la espalda y un machete en la cintura. Silva con dos dedos, sin retirar la vista del frente, y sus perros comienzan a aparecer brincando entre las rocas por detrás de él. Ninguno sobrepasa su posición sino que se detienen al alcanzarle y le imitan. No se gira para saber si están todos, confía en ellos. No tiene que dar órdenes, ellos saben lo que tienen que hacer, le seguirán a dónde vaya. De pronto explota en movimiento. No corre sino que empuja la gran pelota planetaria manteniendo el equilibrio encima. Los perros le ayudan e intentan seguirle el ritmo.

[…]